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Stars – Your ex-lover is dead
When there’s nothing left to burn, you hace to set yourself on fire.
God, that was strange to see you again, introduced by a friend of a friend. Smiled and said ‘yes, I think we’ve met berfore’. In that instant it started to pour. Captured a taxi despite all the rain. We drove in silence across point Champlain. And all of the time you thought I was sad. I was trying to remember your name.
This scar is a fleck on my porcelain skin. Tried to reach deep but you couldn’t get in. Now you’re outside me, you see all the beauty, repent all your sin. It’s nothing but time and a face that you loose. I chose to feel it, and you couldn’t choose (ufff). I’ll write you a postcard, I’ll send you the news from a house down the road, from real love.
Live through this, and you won’t look back.
There’s one thing I want to say, so I’ll be brave: you were what I wanted, I gave what I gave. I’m not sorry I met you. I’m not sorry it’s over. I’m not sorry there’s nothing to say.
La canción del break-up por excelencia. Cualquier parecido con Eternal Sunshine of the Spotless Mind… es intencional.
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Hoy fui al dentista. Al de toda la vida. Me encanta ir. Me fue bien.
Soy una persona a quien le cuesta bastante trabajo expresar afecto. Una de las razones por las que quería estudiar medicina era precisamente porque ser responsable de las personas, de su buena salud, cuidarlas, es una manera de manifestar cariño. Bueno, al menos yo sentía que mi pediatra y mi dentista me querían, y lo único que podía hacer para corresponder ese cariño era cuidarme a mí misma, ser una buena paciente: ponerme el suéter y lavarme los dientes tres veces al día, no hacer tangos cuando me vacunaban o me sacaban una muela. Cuando llegó el momento de que me operaran, mi cirujano me dio un beso en la frente y me dijo que era muy valiente. Amo a los doctores.
Ah, y hoy me enteré de que el Pulparindo tiene plomo*…
…qué bueno, jaja
(ardillaaa)
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*Lo retiraron del mercado gringo por lo del plomo, pero la Secretaría de Salud alega que es una estrategia comercial de nuestros vecinos para privilegiar a los productos chinos y norteamericanos… que en realidad no es dañino en cantidades moderadas :s
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Estoy a dos días de abandonar Madrid, y no quiero!
Ya conocimos al francesito que ocupará mi habitación el próximo lunes. No habla casi nada de español. Y a mis compis no les pareció nada bien que un chico sustituya a una chica.
Voy a extrañar mucho las noches de marcha, las largas caminatas de shopping, de turista, de amante de la naturaleza, el cine doblado, el Ballet Nacional de España, mis lecciones de Historia del Arte en vivo y a color, los “super” mercados del tamaño de un Sumesa, los parques-desierto con arena en lugar de tierra, las terrazas, los bocadillos, el café con hielo, el helado, las baguettes, el cola-cao, el metro, los autobuses nocturnos, los camioncitos de la basura, los policías guapísimos, los africanos huyendo de la policía, la prensa gratuita, la prensa del corazón, los programas de tv que critican a la prensa rosa, a Pilar Rubio, las noches en la terraza del chalet con la ‘familia’, los porros compartidos, la eternidad de la lavadora, la estufa eléctrica, el violín de Pedro (no es albúr, en serio toca el violín), el trash merol de Monti y sus aventuras en Vitoria, los cantos franco-raperos de Fabien en la ducha por la mañana y los piropos hermosos que te decía aunque estuvieras en pijama y los relatos de sus conquistas y los pelitos de su barba que dejaba en el lavabo, los rizos de Víctor y cómo inventaba nombres y su manera de hablar tan atropellada, las pecas de Michael, su cerveza negra y el pan alemán que me convidaba, la timidez de Elsa y las anécdotas de su pueblo, Laura Good y sus ojos desorbitados llenos de alegríala y su exceso de iniciativa, el olor de Laura la de Navarra, sus ojazos y sus admirables esfuerzos por sacarnos de nuestra adicción a internet e irnos de marcha o a tomar el sol o nadar en la piscina, a la araña patona que vivía en mi cuarto –e hijas, el tax free shopping, el agua de mondariz, la histeria de Merche Esmeralda, la doble ventana cerrada del Amor de Dios en pleno verano, el color aceitunado de la piel y los ojos de la gente, los emotivos encuentros con paisanos, amenizados con Coronas, mis viejas ilusiones, las despedidas. (more…)
El miércoles fui a Toledo. Todo se armó porque la noche anterior Laura me invitó a beber con las vecinas de una amiga de su master (así o más incidental?), y todas estábamos por abandonar Madrid/España, pero ninguna conocía Toledo. Así, la más valiente de ellas puso el coche y las demás pusimos nuestra buena voluntad y muchas ganas de ir.
El pueblito es pequeñísimo y muy bonito. Según el encargado de una tienda de regalos, el casco antiguo tiene apenas 8,000 empadronados, y el municipio suma 60,000. Es muy tranquilo, y se atraviesa en 20 minutos. Hacía un calor insoportable, así que después de turistear un poco buscamos un rincón con sombra para comer y que la ropa se secara un poco.
En un par de semanas todas estaríamos en lugares distintos, así que compartíamos un sentimiento de nostalgia adelantada que nos hizo disfrutar un poco más del viaje. Les dejo algunas fotos. Las otras están en el flickr.





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El fin de semana, la noche me daba bastante miedo. Antes de dormir, tengo el hábito de pensar en cosas que aprendí o que me llamaron la atención, o personas que conocí. Pero estaba muy triste y muy enojada como para pensar en esas tonterías. Tenía demasiada energía potencial, así que decidí transformarla en cinética y salí a correr a media noche. Tomé el iPod y las llaves. Primero pasé por el epicentro de la catástrofe y me senté, esperando que algo sucediera: no sé, lágrimas, un rayo de luz proveniente del cielo… pero nada. Me di cuenta de que a ambos lados de la banquita había basureros. Mmmmm, genial. Entonces, mi señal llegó: All Fired Up, de Interpol. No tiene nada que ver con lo que pasó, pero me hizo levantarme como un resorte y empecé a caminar, y luego a correr. Atravesé la ciudad de ida y vuelta. Había mucha gente en las calles aún, y a medida que me acercaba al centro de Madrid estaban más borrachos y feos, pero no me importaba… seguro yo les daba más miedo a ellos. De verdad, la rabia se drenaba por mis poros y la tristeza se caía con cada zancada. Veía las esculturas y los edificios y quería ser como ellos: enorme, hermosa, resistente, inmortal, legendaria. Fue increíble.
Llegué a casa a las 3:30 de la madrugada. Las piernas me cosquilleaban riquísimo, la piel estaba húmeda, mi cabello se había rizado. Me vi en el espejo y vi algo bonito. Dormí como un bebé. Esa noche fundé mi propio Club de la Pelea.
Desperté a las 10, adolorida, pero no de las piernas. Ya no estaba triste ni enojada. Tenía una claridad mental que me sorprendió. Repasé textos y subtextos y fue como ver mi propia cirugía de corazón abierto: entender qué había fallado y por qué dolía tanto.
Filed under: Madrid
Frustrada por no haber podido entrar al museo de la Biblioteca Nacional (porque es lunes), me senté a leer en la Plaza de Colón. Semi-concentrada, alcancé a ver la triste figura desaliñada de un mendigo, que se acercaba. Se detuvo frente a mí. Mierda. Alcé la vista, y antes de darme cuenta de algo, el hombre inició un discurso que iba más o menos así: “soy fagshfkw, adivino del futuro, el presente y el pasado (sí, el pasado), ¿a ti te gustaría que te adivinara tu destino?”
Yo: Ahhh, ¿perdón?
Hombre: ¿te gustaría que te adivinara el futuro, tu destino?
Yo: No, gracias
Hombre: Entonces te dejo mi número. No te vas a arrepentir. Ya lo verás en media hora, que me llames. (yo me quedo inmóvil unos segundos, y luego me muevo para sacar mi pluma del bolso). Y apresúrate, que tú eres la que me deberías pedir un autógrafo a mi.
Yo: Ah, ¿sí?
Hombre: De dónde eres? (comienza a cortar un cuadrito de papel de una hoja que está ya doblada en cuadros, señal inequívoca de que el ‘no, gracias’ es la reacción normal ante la oferta de sus servicios)
Yo: México
Hombre: ¿Qué parte?
Yo: D.F. La capital.
Hombre: ¿y ahí no hay televisión o cine? ¿viste Conan el bárbaro?
Yo: (no mames no mames no mames) No…
Hombre: Bueno, apunta: (yo, obediente) Juan, con equis. Tobi, con be, y guana con doble ene. Mi teléfono es seis cero nueve cero seis siete seis ocho uno. Si me quieres buscar en internet, ahí aparezco, y si me quieres mandar un correo, sólo pon un guión bajo entre mis nombres, y arroba. (sí… no me dijo en qué servicio de correo. Qué triste). Gracias. Hasta luego.
Hmm… un adivino disfrazado de mendigo que publicita su web de boca en boca. Bueno, en realidad te obliga a escribir su contacto, pero es más o menos lo mismo. Y además es actor! Obvio, lo busqué en la imdb. Y lo econtré! El papel que lo lanzó a la fama: mendigo 1, en un capítulo de una serie de tv. ¿¡Cómo no fui capaz reconocerle!? También encontré su blog, y otras crónicas de la vida madrileña que lo retratan como un entrañable personaje del barrio de Malasaña.
Y bueno, ustedes ya tienen su contacto. ¡Atrévanse a llamar!
Extrañaba la intensidad, y el fin de semana tuvo algo.
El sábado fui a ver el Ballet Nacional de España, que ofreció un programa doble a cargo de Luis Fernando, el director en turno y Ángel Rojas y Carlos Rodríguez (los coreógrafos de Furia)… nomás, pa que les de envidia. Y pffff. No sé cómo reseñar eso. Me sobrepasa.
Luego, salí con Laura, mi compi de piso (es una tía rara, pero me cae bien, y yo a ella. Como diría la Nana Goya: Dios nos hace y nosotras nos juntamos), a una discoteca que se llama Ananda. Volvimos a utilizar el metro para ir y regresar, como proletariamente debe ser. Hubo dos highlights: de regreso, en el metro venía un sujeto peculiar. Estaba absolutamente ido: en cuclillas, como dormido, se sostenía con un solo brazo para no caerse, pero poco a poco se ladeaba, hasta quedar completamente tendido sobre el piso, y toda la gente retrocedía, espantada y espectante a la vez. El tipo se reincorporaba e iniciaba el numerito de nuevo… y además olía a madres. Las drogas destruyen. Pero bueno, eso se ve en cualquier parte. Lo que me impactó fue verle, tatuados en la mano derecha, en la membranita entre el pulgar y el índice, cinco puntos, como si se tratara de un dado. En la primaria, una amiga me había compartido la leyenda, que la había contado su hermano, quien la había escuchado de un amigo del primo de no se quién que había viajado a Europa, que existía un club de los Five Points (nada que ver con el barrio de Manhattan), y que para pertenecer a esta honorable institución era necesario 1) robar, 2) matar, 3) violar, 4) traicionar y 5) algo más. Woooo. (more…)
Me considero una fan de Interpol. De esas que los lleva bien hondo en su corazón y no sólo en el iPod. Este post es una especie de reseña del último álbum, Our Love to Admire (de ahora en adelante OLtA), aunque si me dejo llevar y empiezo a hablar de los otros LPs, pues se convertirá en una reseña de Interpol. Y si me dejo llevar más y empiezo a divagar sobre Carlos Dengler… jaja, no, eso no va a pasar. No soy groupie. Y no me acusen de ser emo. TODA la música es emo: Nietzsche (que by the way era amigiwis de R. Wagner, el compositor más “rocker” de su tiempo), en su teoría estética, clasifica a la música como una manifestación dionisiaca, es decir, sin límites o normas de composición –no se manifiesta como un volumen que ocupa espacio ni es visible, como un lienzo o una escultura, sino como sonidos que transcurren en el tiempo– y por lo tanto es algo escurridizo a la armonía, entendida como el justo medio. La música está tirada al drama. Y yo estoy de acuerdo con Nietzsche al respecto. Y si me clavo mucho en la narrativa, sorry, así adquieren sentido las cosas en mi vida. Pero bueno, a lo que nos truje: (more…)
Hoy se gradúa mi hermana de la preparatoria, así que este post es sobre ella.
Muchas felicidades, hermanita. No celebro tus logros académicos, sino tu crecimiento como persona. Tu metamorfosis de escuincla pasguata que quería ser monjita a la hermosa fashionista que eres hoy, ansiosa por saber y conocer, que compra libros interesantes, y es lo suficientemente cojonuda como para tirarle la onda al niño que le gusta (yo nunca me hubiera atrevido a hacerle un pastel a un wey con el que nunca había hablado). En estos tres años tuviste tu primer desvelo en serio (pero se ponen peor, no te preocupes), tu primera borrachera (aunque sólo hayas tomado una copa, eso ya es mucho para ti), tu primer beso (no comments), tu primera pelea seria entre amigas, tu primer viaje sola en transporte público… pero lo más emocionante de todo: tu primer par de tacones (para estrenar en este día… joder, ya te falta menos para ser toda una mujer!).
Te mando una postal que hice con mucho cariño. Te quiero, perra.
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Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos. –Julio Cortázar. Historias de cronopios y de famas. 1962.
Nomás no puedo. Ya he intentado en todos los rincones del cuarto, pero nada. Hace días que siento una cortina de agua cubriéndome los ojitos, y algo que no me deja respirar bien, y creo que son ganas de llorar, pero parece que he olvidado cómo hacerlo. No es la primera vez que sucede, pero me resulta odioso. Es como si el mecanismo de llorar se estropeara y no funcionara más en sincronía con la mente y/o el corazón. Y esto es particularmente molesto porque casi siempre sucede que la maquinaria se arregla en el momento menos adecuado, cuando uno está frente a las estanterías del supermercado, escogiendo la pasta de dientes, o cuando el encargado de la tienda de discos te informa que no ha llegado la novedad por la cual acabas de preguntar…. y cuaz! la carita se contrae, la vista se nubla e instantes después tienes un diluvio cayendo por las mejillas. Merde.





