Lulu Dengler


El finde en el Mediterráneo
June 26, 2007, 1:00 am
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Pues el tiempo vuela, y ya llevo más de un mes fuera de casita. Este fin de semana tuvimos un compromiso en algún lugar cercano al puerto de Dénia, que está en la provincia de Alicante. Para viajar hacia allá, tomamos un autobús que nos trasladó a Valencia y, una vez ahí, ya tuvimos servicio de transporte cortesía de la familia del Ing. El viaje estuvo bien, aunque un poco pesado, pues llegamos ya de madrugada.

La boda estuvo muy bien. El token de las bodas españolas sólo difiere en la cantidad de comida: acá te sirven hasta que revientes! Cuatro entradas, dos platos fuertes, y postre. Sin olvidar la tarta de novios, por supuesto. Todo delicioso. Después de comer, empieza la bailada, como a la una y media de la mañana. La música estuvo bien, de boda, jaja… pero obvio había muchas canciones que eran súper locales y eran como el timbiriche de aquí, y todos bailaban y coreaban, pero uno nomás se quedaba viendo, igual que en las marchas moras y las zandungas.

El jaleo terminó como a las cuatro de la mañana. Algunos familiares y amigos de la novia todavía se fueron a seguirla al Buddha Bar, pero como en unas horas debíamos levantarnos para regresar a Madrid, lo más prudente era ir a la camita. Y hacia allá me dirigía cuando unos amigos de la novia me informaron que esa noche se festejaba la Noche de San Juan, y que la tradición era ir al mar a mojarse los pies y pedir tres deseos. A mi todo lo que tenga que ver con pedir deseos me emociona muchísimo, así que me sacudí el cansancio, me cambié de ropa y me uní al grupo de catalanes que me invitaron.

Faltaba como una hora para que amaneciera, y por lo tanto, la noche estaba súper oscura, de modo que no se veía ni el camino ni nada. Sólo había un farolito prendido en la playa, y el sonido de las olas para orientarse. El tramo de costa que pertenece al terreno del hotel no tiene arena sino piedras, así que se imaginarán el martirio que fue caminar por ahí. Porque además de estar duras, estaban heladas, y el agua estaba súper fría, también, pero estuvo fenomenal para relajar los pies y las piernas, que, después del toque de glamour proporcionado por los tacones, estaban bastante inflamados. Así, dejé que el agua mojara mis pies tres, cinco, doce veces… pero sólo pedí tres deseos. Platicamos un rato, inspirados por las botellas de vino que llevamos a la mini expedición para no pasar sed, y ya hasta entendía el catalán, jaja.

Unas horas después hice el check-out y los Lecanda pasaron por mi para irnos a Valencia, de donde saldríamos de vuelta a Madrid. Pero antes me hice regresar a la playa para verla a la luz del Sol y guardarla para siempre en mi memoria, y en la de la Nikon :P

Una vista de la autopista a Valencia

El Mediterráneo español

Catedral de Valencia

Esas son las felices fotos del feliz viaje. El jueves en la mañana llego a Barcelona y ahí pasaré el fin de semana. Can’t wait! :D


3 Comments so far
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Que envidia de la buena con tanto viaje y fiestas!, disfrútalo ; )

Comment by Epi

A mi también me encanta la onda de pedir deseos, es como mistico que alguno se cumpla, ademas acompañado de ritos como mojarte los pies en el mar y demas debe haber sido de lujo! no soy cabalistico, ni dejo nada a la suerte jamas, pero siempre es una divertida experiencia…
Hablando de tradiciones:
Es curioso, me he ganado 3 corbatas en bodas (y no es que vaya a muchas, quizá 2 por año en promedio) según la tradición me casaré pronto (lo cual esta cabron porque la primera que me gane fue a los 7 u 8 años) pero me preocupa la última que fue hace 6 meses (el pedo ahora es: Con quien me casaré? si mi última novia huyo lejos muy lejos para regresar con su familia a la que extrañaba mucho).
En fin, en todas las bodas termino sin corbata, desfajado, botella en mano y hubo una en la que termine hasta descalzo… pero me divierto muchisimo, ademas de que me gusta sentirme feliz por la gente cercana a mi y que mejor ocasión para festejar un evento que marca la vida de los protagonistas de por vida que una boda.
Saludos, Diego

Comment by Diego

Jaja a mí también me pasan ese tipo de cosas, Diego. Me cae el tapón de la champaña, el ramo de la novia se me azota en la cara sin que yo haga nada… y me gusta, porque aunque se que todo depende de mi voluntad, también debe haber un poco de magia y un poco de azar. Saludos!

Comment by Lulu Dengler




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