Lulu Dengler


Fashion & cine
May 26, 2007, 10:52 am
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El viernes me desperté antes de las ocho. Con un frío tremendo. Después de llevar a cabo el cotidiano ritual del baño-desayuno-arreglarse, Laura, una chica de Kansas, me sijo que si no quería acompñarla a Tribunal, porque quería hacerse unas mechas en el pelo. ¿Por qué no?

Llegamos a la estación del metro correspondiente y caminamos y caminamos. Encontramos por fin el salón (peluquería, dicen aquí) que Laura buscaba, y mientras la embellecían me fui de mirona por las tiendas que exhiben por toda la calle de Fuencarral y por la Gran Vía. Fuencarral tiene tiendas más alternativas, tipo la Condesa. Y la gente que circula por ahí tiene un aura de rebeldía. Muy cerca de ahí está Chueca, que es el barrio gay de Madrid, así que ni me dio tiempo de extrañar a los sujetos y personajes de la Zona Rosa. Ya por la Gran Vía las cosas cambian bastante. Todo es mainstream. La gente luce más uniforme. Además de tiendas, hay muchos hoteles y cines. Llamaron mi atención los últimos porque se trata, supongo, de antiguos teatros que han adaptado como salas de proyección. A lo más, tienen tres salas muy grandes, y me recordaron a mis primeras experiencias cinematográficas… cuando el intermedio le daba al traste al clímax de la trama (aunque se tratase de La Sirenita, en verdad era muy disfuncional) y a la salida un vendedor rodeado de niños extasiados gritaba “lleve lleve la barita mágica, el figurín, el cuadernillo…”.

Bueno. Después del paseo por la Gran Vía comenzó a llover y regresé hacia Fuencarral. Estaba descubriendo un maravilloso outlet de Mango cuando a mi móvil llamó Laura, para avisarme que ya había terminado. Volví por ella y nos encaminamos hacia la casa. Paramos en un restaurante mono, donde comimos menú del día (onda comida corrida) por 8€: sopa, segundo plato, postre y vino (con refill, jaja). Delicioso. Me llené. ¡Y comí con vino! ¡Por 8€! Si algo me va a dañar algún órgano, prefiero que sea el vino y no la Coca-Cola ;)



Apenas el sábado fui a ver Los piratas del Caribe: en el fin del mundo, en compañía de Javier, Divya, frikiAlex, Virginia, Miguel y More. Fuimos en coche (como se aprecia en las fotos)–y tomamos el M-30, que es como el periférico de aquí, y después los túneles, que son como el segundo piso. Y en efecto, los locales tampoco saben bien hacia dónde te llevan ;) – porque la plaza de los cines (Kinepolis) está como en las afueras de la ciudad. Y son 25 megasalas –cuando digo mega, me refiero a que en serio caben como 800 personas–, y restaurantes. Nada más.
De ahí, fuimos a cenar a la estación de Príncipe Pío, que es un mall. Y a la una de la mañana (hora en la que en teoría ya debería estar en mi casa de México) todavía se podían ver morritos de cinco años dando lata en las terrazas de los restaurantes. En ese sentido, Madrid es muy familiar. Como a la 1:30 cierra el metro, pues nos apuramos a tomarlo de regreso. Todo muy seguro. Un montón de gente que apenas se trasladaba hacia el lugar de la fiesta, minifaldas, escotes… y nadie molestaba a nadie.

Ah, y me mudé de cuarto. Ahora vivo en el sótano. Jaja, ya sé, se escucha espantoso, pero está mucho mejor. El techo es más alto y ahora sí tengo armario y escritorio de verdad. Todo se lo debo a Fabian, francés, que llegó ayer con toneladas de cosas y por alguna razón le funcionaba mejor mi antiguo armario. Muy apenado por el traslado obligatorio, me ha invitado una cerveza.