
Hoy tuve mi primera clase de flamenco (yeeeei!!!) Me fue mucho mejor de lo que yo esperaba, jaja. Llegué justa, a las 3:50, y casi tropiezo cuando Miguel Cañas me preguntó si tenía fuego. Me hizo la plática y le tuve que cortar porque ya iba tarde. O sea, pago 300 pesos por verlo bailar con Juncal en el Teatro de la Ciudad y cuando el tío me hace plática, resulta que YO estoy super apurada…
Entré con Merche Esmeralda, a su grupo de las 4 (nivel medio). Y la verdad el grupo está bastante homogéneo. Hay una chica que lo hace de maravilla, pero lleva tres años bailando con Merche. Las demás no son tan antiguas, pero sí llevan más de seis meses dándole a la duela del Amor de Dios. El caso es que en mi primer día salí bien librada: no me gritó! jaja. Sólo me corrigió unos brazos…
La clase dura una hora, en la cual calentamos con zapateados que utilizaremos después, luego le metetmos brazos, vemos un elemento técnico por día (fuerza, velocidad, desplazamiento, giros, etc.), y la segunda mitad de la clase repasamos el montaje de la coreografía completa… o sea, tengo algunas cosillas que aprenderme :S. Obviamente, estoy haciendo mi mejor esfuerzo por poner en alto mi escuela (es decir, Rosa María Navarrete –aplausoooos!!).
Ah, y no saben cómo extrañé a las flamencas en el vestidor! Aparte de que me sentí ultrajada porque las chicas no son naaaada pudorosas (jeje), pues fue la primera vez en mucho tiempo que me cambié calladita, sin compartir chocoaventuras o maldecir a algún hombre o así
. Flamencs, u rock!
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El viernes me desperté antes de las ocho. Con un frío tremendo. Después de llevar a cabo el cotidiano ritual del baño-desayuno-arreglarse, Laura, una chica de Kansas, me sijo que si no quería acompñarla a Tribunal, porque quería hacerse unas mechas en el pelo. ¿Por qué no?
Llegamos a la estación del metro correspondiente y caminamos y caminamos. Encontramos por fin el salón (peluquería, dicen aquí) que Laura buscaba, y mientras la embellecían me fui de mirona por las tiendas que exhiben por toda la calle de Fuencarral y por la Gran Vía. Fuencarral tiene tiendas más alternativas, tipo la Condesa. Y la gente que circula por ahí tiene un aura de rebeldía. Muy cerca de ahí está Chueca, que es el barrio gay de Madrid, así que ni me dio tiempo de extrañar a los sujetos y personajes de la Zona Rosa. Ya por la Gran Vía las cosas cambian bastante. Todo es mainstream. La gente luce más uniforme. Además de tiendas, hay muchos hoteles y cines. Llamaron mi atención los últimos porque se trata, supongo, de antiguos teatros que han adaptado como salas de proyección. A lo más, tienen tres salas muy grandes, y me recordaron a mis primeras experiencias cinematográficas… cuando el intermedio le daba al traste al clímax de la trama (aunque se tratase de La Sirenita, en verdad era muy disfuncional) y a la salida un vendedor rodeado de niños extasiados gritaba “lleve lleve la barita mágica, el figurín, el cuadernillo…”.
Bueno. Después del paseo por la Gran Vía comenzó a llover y regresé hacia Fuencarral. Estaba descubriendo un maravilloso outlet de Mango cuando a mi móvil llamó Laura, para avisarme que ya había terminado. Volví por ella y nos encaminamos hacia la casa. Paramos en un restaurante mono, donde comimos menú del día (onda comida corrida) por 8€: sopa, segundo plato, postre y vino (con refill, jaja). Delicioso. Me llené. ¡Y comí con vino! ¡Por 8€! Si algo me va a dañar algún órgano, prefiero que sea el vino y no la Coca-Cola
Apenas el sábado fui a ver Los piratas del Caribe: en el fin del mundo, en compañía de Javier, Divya, frikiAlex, Virginia, Miguel y More. Fuimos en coche (como se aprecia en las fotos)–y tomamos el M-30, que es como el periférico de aquí, y después los túneles, que son como el segundo piso. Y en efecto, los locales tampoco saben bien hacia dónde te llevan
– porque la plaza de los cines (Kinepolis) está como en las afueras de la ciudad. Y son 25 megasalas –cuando digo mega, me refiero a que en serio caben como 800 personas–, y restaurantes. Nada más.
De ahí, fuimos a cenar a la estación de Príncipe Pío, que es un mall. Y a la una de la mañana (hora en la que en teoría ya debería estar en mi casa de México) todavía se podían ver morritos de cinco años dando lata en las terrazas de los restaurantes. En ese sentido, Madrid es muy familiar. Como a la 1:30 cierra el metro, pues nos apuramos a tomarlo de regreso. Todo muy seguro. Un montón de gente que apenas se trasladaba hacia el lugar de la fiesta, minifaldas, escotes… y nadie molestaba a nadie.
Ah, y me mudé de cuarto. Ahora vivo en el sótano. Jaja, ya sé, se escucha espantoso, pero está mucho mejor. El techo es más alto y ahora sí tengo armario y escritorio de verdad. Todo se lo debo a Fabian, francés, que llegó ayer con toneladas de cosas y por alguna razón le funcionaba mejor mi antiguo armario. Muy apenado por el traslado obligatorio, me ha invitado una cerveza.
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Bueno, pues ya hace una semana que abandoné mi adorado DF.
Cancún estuvo muy bien, en compañía del Gus, el Mike, el Vic y tía Marcia. No me dio tiempo de ir de antro, pero eso queda pendiente para cuando regrese.
Y nada, que el vuelo a MAdrid estuvo muy tranquilo. Llegué a la Madre Patria a las 13:30 y compré la prensa para entretenerme mientras llegaba el Ing. Comí, me trasladé a la T4 del aeropuerto de Barajas, rushée adrenalina y por fin, a las 17:30 lo vi!!! Fui feliz.
De la manera más amable que puede existir, el Ing. (noticia: desde ayer es mi novio… oh por Dios, desde que tenía 15 no decía eso! jaja) se ofreció a darme asilo en su piso, así que nos dirigimos hacia allá. Salimos a cenar montaditos (Astrid! me acordé tanto de ti amigaaaa!), y no manchen, qué rica cerveza. Con harto limón!
Los días siguientes me dediqué a buscar piso y turistear un poco. Por ahora hace un poco de frío, aire y ha llovido casi diario. Por fin, hoy ya encontré piso… muy cerca del Ing., por cierto
Mi habitación… que es más una buhardilla, se encuentra en la Av. de los Toreros, a un costado de la Plaza de Toros de Ventas. No me puedo quejar.
Ya fui al Amor de Dios!!! me encontré al bombón de Roberto Lorente, esposo de María Juncal, y a María bonita!!!! Vi la clase de Manuel Reyes, y… estoy agobiada con tantas opciones!… auxilio, porfavor!
Les dejo un besote, y estas fotillos… ah, porque me compré una cámara. Y el tío que me atendió (jaja, ya digo tío, joder, y vale) estaba re chulo… una viejita se lo dijo, por cierto.





Todas estas son del lugar donde vivo. La plaza de toros, nomás para que se acuerden o se ubiquen… está relinda, no?
Este es el símbolo de la ciudad: un osito comiendo frutos del madroño (gracias a Alex por la puntualización)
La famosísima puerta de Alcalá… viste desde el Parque del Retiro
El estanque del Parque del Retiro… se acuerdan de Chapultepec? yo también
Una fuente en el Retiro
y no podía faltar: un pichón!!!! inflado, como nos gusta a los flamencos.
Hasta hace un año estaba bien segura de no querer tener hijos.
¿Para qué?, decía yo. Para que cuando crezcan me digan que quieren estudiar en el tec o que se quieren ir a Europa con sus amigos, o que para sus quince quiere usar un Cavalli?, nel, no gracias. Además, siempre he concebido mi vida al lado de alguien, en pareja, y la idea de los hijos interfería en esa visión… pero creo que no dejaría de ser esposa-compañera-whatever por convertirme en mamá. Qué hueva.
El caso es que después nació mi sobrino y lo he visto crecer durante año y medio, y ahora de verdad creo que vale la pena completa. No sólo quiero uno, sino dos, jaja. Yo tengo hermanos, y creo que son lo máximo. Aunque esta petición requiera un soborno biológico-metafísico-divino, me gustaría que fueran niños, bien traviesos, de esos que les levantan la falda a las niñas en la escuela y ponen lagartijas en los cajones del escritorio de la miss. Y los quiero tener joven, antes de los 30, para que todavía tenga la energía suficiente para jugar con ellos, y esté joven y bella cuando vaya a recogerlos a la primaria, y no les de pena decir quién es su mamá, jajaja.
Bueno, ya, esa fue la reflexion profundilla del mother’s day.
Ah, sí, sí… felicidades a las mamichis en su día.

Ayer fue un día importantísimo en mi vida. Bailé mi última función de Flamenco en la sala Miguel Covarrubias, en la UNAM. Cerré un ciclo y me dispongo a empezar uno nuevo. Dejo el ocio artístico por la actividad profesional y académica.
Todo empezó con un taller, y cuando me di cuenta, el flamenco era mi vida. El grupo representativo era la máxima aspiración y logré entrar. Sucedió que ingresamos muchos integrantes de la misma generación/edad al mismo tiempo, y entonces el grupo se volvió el rincón mágico donde uno podía encontrar consuelo, diversión, perversión (jaja), consejo y apoyo emocional en cualquier circunstancia.
El aprendizaje que me llevo del flamenco es enorme. Por un lado, fue en el salón de ensayos donde conocí el verdadero significado del esfuerzo, del compromiso, la entrega, la colaboración y el trabajo en equipo. Levantarse todos los días a las cinco de la mañana para llegar a ensayar, oler el sudor de los compañeros (que algunas veces también salpicaba mientras bailábamos), las charlas en el vestidor, desmenuzar cada paso, cada braceo y enseñarlo a los nuevos, trasladar los acontecimientos de la vida cotidiana y los estados de ánimo al movimiento del cuerpo.
Por otro lado, sin ser exagerada, el flamenco me hizo mujer. Y no cualquier mujer, sino una viejota, como todas mis flamencs. Verme en el espejo a diario me ayudó a superar muchos complejos y a aceptar e incluso admirar mi cuerpo en movimiento. Gracias al flamenco aprendí a sostener la mirada mientras bailo, y por supuesto a expresarme con seguridad en cualquier ámbito, se trate de opiniones, deseos, fantasías, quejas, etcétera.
Aprendí que el contacto visual es la manera de iniciar la magia, de transmitir el contenido que se le quiere dar a la forma. También aprendí que el maquillaje y el vestuario son secundarios, y que el verdadero maquillaje es la entrega en el escenario. Lo más importante de todo, es que logré plantarme frente a más de 500 personas en muchos foros, reconocidos y no, pero igual de importantes, y me consuelo con saber que al menos a una se le puso chinita la piel.
Y a Rosy-sensei, bueno, ella es como mi segunda mamá, y en muchos sentidos me ha educado más que la mía. Ella, al vernos diario, puede detectar cosas que uno no está en posición de apreciar, y tiene maneras poco agradables pero muy efectivas de hacerte ver tus errores. Puedo quejarme toda la vida de su neurosis pre-ensayo, de sus decisiones y cambios de opinión repentinos, pero puedo firmar que en el 90% de las ocasiones, esa mujer tiene la boca llena de razón. Es una mujer, maestra y creadora invaluable.
En algún momento, todos los que formamos parte del grupo nos hemos planteado el dilema: ¿estudio flamenco o mi carrera? ¿qué estoy haciendo de mi vida? Y es que con un promedio de 15 horas de danza a la semana, era muy común sentir que estábamos estudiando en la escuela de danza más cara del mundo, con talleres de comercio, comunicación, diseño industrial y una que otra ingeniería. Por lo mismo, todos hemos expresado, en tono de broma (aunque a veces lo pensemos un poco en serio… sólo un poco), nuestro deseo de encontrar un mecenas que patrocine nuestro flamenco. Un esposo ancianito y millonario o una esposa workaholica que nos mantenga y nosotros sólo nos dediquemos a bailar.
Me dio mucho gusto saber que personas que no son cercanas al grupo de flamenco o que ni les gusta, como a algunos compañeros de la carrera, fueron a ver la función, y nunca sabré sus verdaderos motivos, pero lo agradezco infinitamente. Nunca pretendí convencerlos de amar el flamenco –la vida está hecha a partir de pequeñas soledades, y eso es algo que hay que celebrar y respetar– pero me encantó que compartieran ese momento tan importante conmigo.
Duele dejar el grupo, porque bailar en un taller o clase no da la misma recompensa, pero me alegro de haber tenido la experiencia, de haber aprendido tanto, de conocer a mis verdaderos amigos y bueno, de mil cosas más.
Cada uno tiene sus metas y planes de vida y los sabe. Aunque en última instancia no se cumplan, por lo menos dan una idea de hacia dónde dirigir nuestras acciones. En los míos ya no hay tiempo para Flamenco. Me voy satisfecha de haber llegado hasta donde lo hice, de haber bailado en los lugares y con las personas con las que bailé. Y a pesar de que casi no tengo fotos, guardo los vestidos. Cuando tenga 50 y abra las cajas, seguro voy a llorar de emoción al ver cómo esos pedazos de tela aún tienen vida. Pero bueno, faltan como 30 años para eso.
Olé
Ya hace mucho que fui a ver 300 con mis amigas las flamencs, pero no había tenido tiempo de compartir mis impresiones…
Es muy divertido ir al cine con ellas, pues todo, aunque no tenga nada que ver (como en este caso), termina relacionándose con el flamenco y el buen sentido del humor.
A continuación, las mejores quotes de la película… abajo pongo su equivalente flamenco.
Spartan King Leonidas: You! Athenian! What is your profession?
Athenian #1: I am a potter.
Spartan King Leonidas: Hm…and you?
Athenian #2: I am a blacksmith.
Spartan King Leonidas: [turns to his soldiers] Spartans! What is your profession?!
Spartans: Harooh! Harooh! Harooh!
Spartan King Leonidas: [turning to the Athenian leader] You see? I brought more soldiers than you did.
[Rosy (a los alumnos de taller): A ver, tú qué estudias?
Principiante: Merca
Rosy: mmmta... Tú?
Principiante2: Comercio Internacional
Rosy (al repre): Representativo, ¿ustedes qué estudian?!
Repre: FLAMENCOOO! UH! UH!]
Rosy (a Guadarrama): Ya ves? no me presumas tus miserias…
Spartan King Leonidas: Spartans! Ready your breakfast and eat hearty, for tonight we dine in hell!
[-En el festival de baile, en Chihuahua- Rosy: Flamencos, desayunen bien, porque si bailan mal cenarán en el infierno!]
Y esta es la mejor… por fortuna no le encontramos equivalente…
Messenger: Who does this woman think she is that she can speak among men?
Queen Gorgo: Because only Spartan women give birth to real men.
Adoro las novelas gráficas en lenguaje cinematográfico, adoro que en 300 todo esté exagerado: la sangre, la agresividad, los músculos, la perspectiva y la dimensión… y pensar que para filmar, los actores sólo se pararon frente a una blue screen!
Frank Miller sabe.







