Lulu Dengler


De monjas y otras madres
January 5, 2007, 7:18 am
Filed under: everyday lulu dengler, rants and ramblings, vacations

…así se llamó un recorrido que hice durante las muy felices vacaciones de Invierno. Tristemente me quedé en la Ciudad de México, visitando lugares hasta entonces desconocidos, y pensando cómo habría sido mi vida si hubiera tenido la ambivalente fortuna de haber nacido en estas tierras hace tres siglos. Les cuento:

Como muchos ya saben, en la Nueva España, los mestizos y los criollos no podían aspirar a empleos bien remunerados, y por lo tanto, los “buenos partidos” para las chicas novohispanas (desde entonces éramos más mujeres que hombres) escaseaban. Además, el monto de la dote matrimonial era sumamente elevado. Tanto, que los padres preferían consagrar las vidas de sus hijas al servicio de Dios. Aunque la “admisión” a los conventos también fuera proporcional al patrimonio familiar, ésta se podía pagar en abonos.

Las novicias y profesas no podían abandonar los conventos, y escuchaban misa en la parte trasera de la planta del templo, detrás de una reja con picos y una cortina para bloquear el contacto visual… para que no se sintieran tentadas ni fueran objeto de tentación.

Pero, a pesar de que ante los ojos de Dios todos somos iguales, entre las monjas había diferencias. Estas imágenes son del ex convento de la Encarnación (de las concepcionistas), actual edificio de la SEP. Antaño, esta construcción ocupaba cuadras enteraas y era habitada por 100 monjas y ¡300 sirvientas!… chacha y media para cada una, además de las esclavas personales. Por otro lado, las carmellitas descalzas eran de las órdenes más austeras.

El recorrido terminó en el Ex Teresa Arte Actual, que, como el nombre sugiere, era el convento de Santa Teresa la Antigua. Ahí me enteré de que Juan Cordero pintó la cúpula (a la derecha). Juan Cordero es papá de mi tatarabuela… o sea, mi ¿chozno? De lo que uno se entera!

Y bueno, después de las leyes de Reforma, todas estas solteronas tuvieron que regresar a sus casas o dedicarse a ser misioneras, puesto que la vida de clausura quedó prohibida en México.

Ya no los aburro más. Les dejo el persuasivo letrero de los tacos. Noten el “mmmm”


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